Me llamo Eva y soy enfermera y voluntaria en Acción Planetaria desde el 2011. A lo largo de este tiempo he crecido profesionalmente estudiando, especializándome y trabajando en diferentes hospitales y sectores de la enfermería, sin embargo la mayor experiencia de este recorrido es el mensaje que recibí.

Hace unos años, por casualidad, me crucé con un conocido que hacía tiempo que no veía y me explicó que su padre estaba pendiente de una operación en mi hospital. Nos dimos los teléfonos y le comenté que intentaría agilizar los trámites que estuvieran en mi mano. Posteriormente, cuando lo explicaba a familiares y amigos me sorprendió que me dijeran: “¿pero por qué te molestas? Si casi ni siquiera le conoces”.

Sí… es aquí, en ese preciso momento, en el que apareció esa pregunta en mi cabeza: ¿Y por qué no? ¿Cuál es el motivo por el que no debería hacerlo?

Así es como me gusta mirar esta sociedad y el planeta en el que vivimos. Seguramente si todos nosotros nos ayudáramos más, generaríamos un movimiento imparable de altruismo y de buenos valores.

En el mundo sanitario vemos muchos ejemplos, y uno de ellos es la donación de órganos. Actualmente formo parte del equipo de trasplante del Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona y vivo de muy cerca qué significa DAR VIDA.

En mi caso necesité un proceso de adaptación. Ser enfermera implica integrar el proceso de la vida y la muerte como un ciclo natural y acompañar a pacientes y familiares en ese camino. Nuestro trabajo es cuidarles, orientarles y estar ahí cuando necesitan apoyo y confianza.

No obstante, recuerdo perfectamente mi primera guardia, mi primer donante de órganos y el impacto que me produjo. Era un señor de 60 años en muerte encefálica por un mal golpe en una caída de lo más tonta. No podía parar de pensar en que le podría haber pasado a cualquiera, que esa mañana seguramente estaba tan feliz con su familia… en fin. Necesité un par de meses para no seguir poniéndoles nombres, caras e historias a esas personas.

Aprendí a ver a los donantes como personas que ya no están aquí, puesto que no lo están. Su estado es incompatible con la vida, están conectados a máquinas que suplen la función de sus órganos artificialmente ya que su cerebro nunca más va a darles la orden de que tienen que estar en marcha. Pero la naturaleza es tan sabia que si ponemos esos órganos en otro cuerpo donde el cerebro esté vivo, volverán a funcionar.

Tenemos la gran suerte de que en España existe una red perfectamente organizada en la que el trasplante está al alcance de todos, listas en las que se priorizan los códigos 0 (máxima gravedad), equipos que se desplazan donde sea necesario para ir a buscar e implantar ese órgano compatible para ti y, sobre todo, muchas ganas de salvar una vida.

Quizá es la experiencia que más me ha enseñado. Por un lado la parte más amarga de ver a familiares despedirse del donante, saber que una vida acaba de repente. En ese momento es en el que entramos en acción todos los equipos (corazón, pulmón, hígado, riñones y páncreas), muchas veces desconocidos que nos hemos desplazado a otra localidad pero unidos en el mismo propósito. Y realmente es algo que nos une en ese momento, creando un gran trabajo en equipo perfectamente coordinado y lleno de respeto.

También soy afortunada de vivir la parte bonita: el momento en el que implantamos el órgano. Recibir al receptor y ayudar a devolverle LA VIDA, porque una vez salen de quirófano sabemos que la vida de ese paciente vuelve a comenzar.

Lo que más me ha enseñado estar en el equipo de trasplante es a valorar. Siempre oímos los típicos tópicos, pero de verdad os aseguro que es muy importante no perder el tiempo. Vivir al máximo no significa hacer mil cosas a la vez, querer hacerlo todo ni nada del CARPE DIEM. Si siempre estamos pensando en lo que nos estamos perdiendo, vamos a pasar por la vida de puntillas.

Realmente somos efímeros, un día estamos aquí y puede que mañana no, y cuando lo ves de tan cerca aprendes a valorar la suerte que tenemos por estar sanos, a valorar a las personas que te quieren, valorar el tiempo, las pequeñas cosas y a  intentar ser la mejor versión de ti mismo. Esto es lo que le debemos a la vida y lo que realmente significa vivirla intensamente.

No dejes para más adelante aquello que quieras decir o demostrarle a alguien, porque quizá no vamos a tener ese tiempo, por eso es tan importante estar aquí y ahora.

Ese es el compromiso que tenemos que adoptar., porque trabajar en nosotros y dar lo mejor con la máxima entrega,  genera un movimiento de amor… y como todos sabemos el amor mueve montañas 😉

Movamos montañas juntos, se lo debemos también a aquellos que se hicieron la pregunta correcta ¿Y por qué no? Y con ella dieron la vida a otros.

FELIZ DÍA DEL DONANTE, TODO MI RESPETO, ADMIRACIÓN  Y GRATITUD A TODOS ELLOS

Puedes hacerte donante aquí https://bit.ly/1pAMCRq