Elodie iba paseando por el Mercat dels Encants de Barcelona cuando se topó con una vieja cantimplora metálica con inscripciones en un idioma desconocido. En aquél entonces se dedicaba a restaurar muebles en su taller y la cantimplora no era el tipo de objeto que andaba buscando. Sin embargo, la cautivó de alguna forma que aún no se explica y decidió quedársela. Interesada por las letras grabadas en el metal preguntó a sus amigos si conocían la lengua en la que estaban escritas y ante su negativa decidió guardarla en su casa. Con los años se fue perdiendo bajo la cotidianeidad de la vida y quedó olvidada en un cajón hasta que un día, haciendo limpieza general, la arrancaron del pasado para reconstruir su historia hasta el presente.

Gracias a su amiga Leila descubrieron la historia que escondía la cantimplora. El idioma en que estaban escritas las inscripciones era serbio y pertenecen a un soldado capturado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Gracias a las redes sociales consiguieron contactar con la familia de Tchedomir Rosic y hoy podemos contaros el feliz final de esta historia de película: la cantimplora ya ha llegado a Serbia y se encuentra en manos del nieto de Tchedomir. Tras tantos años perdida, ya podrá descansar en paz en casa.

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